Doce Días
Dudas, en primer lugar ; de esas que ocupan más espacio
que el deseo mismo. Divagues constantes sobre el mismo
tema, y esa irremediable sensación de no haber sido lo su-
ficientemente decidido como para abarcar en un solo instan-
te, lo efímero y pretencioso del momento.
Discusión absurda entre lo que fue y lo que no tendría que
haber pasado ; estéril pantano de reproches, acercándonos
con la misma intensidad que supimos alejarnos ese día en que
todo sucedió de maravillas. Inconcluso, por supuesto, como
todo lo que alguna vez emprendimos.
Dedos que aprendían a entrelazarse, y las manos fundiéndose
en una sola ; ese espacio destinado a cobijar lo pueril de nuestra
descendencia y lo vano de nuestro destino. Durante dos segundos,
quizás algunos más ( uno nunca sabe ), dividieronse los caminos.
Al lado del tuyo, lo nuestro. Al lado mio, lo ajeno.
Diferente, si es cuestión de apresurarse, es la estación a la que
uno va cuando el boleto lo ha comprado el otro. Diverso es el
ritual de la despedida: dos besos, correctamente enmarcados
en nuestros rostros, y luego, el mismo discurso vacío. Debemos
explicarles a los demás. Dormimos, mientras tanto.
Cachetada metafisica
En esta oportunidad, Julito discurre sobre su concepción del mundo y de las relaciones humanas:
"Es la noción de lo que yo llamo figuras. Es como el sentimiento - que muchos tenemos, sin duda, pero que yo sufro de una manera muy intensa- de que aparte de nuestros destinos individuales somos parte de figuras que deconocemos. Pienso que todos nosotros componemos figuras. Por ejemplo, en este momento, podemos estar formando parte de una estructura que se continua quizas a doscientos metros de aqui, donde a lo mejor hay otras tantas personas que no nos conocen como nosotros no las conocemos. Siento continuamente la posibilidad de ligazones, de circuitos que se cierran y que nos intererlacionan al margen de toda explicación racional y de toda relacion humana"
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Literatura
Ganbatte kudasai !!!
A una semana de la catástrofe natural que arrasó cada terruño de tierra japonesa, es preciso reflexionar sobre lo que queda cuando las aguas del tsunami se retiran, las heridas que el sismo provocó en la tierra comienzan a cicatrizar y todo se encamina a volver a la normalidad, ese lugar común en el que estamos acostumbrados a descansar y del que nos vemos expulsados en cada oportunidad en la que Gaia nos dice que algo está mal.
Desde este lado del mundo quizas, el desastre se nos hace ajeno, lejano, exótico y hasta cinematográfico. Pensamos en las consecuencias futuras, ignorando los causas pasadas. y malinterpretando el caotico presente.Focalizamos nuestra atención en la crisis nuclear, y no vislumbramos la crisis moral, que en un carril paralelo, extingue almas radiactivas. Es verdad, moral y naturaleza no son conceptos facilmente asimilables, y hasta suenan un poco confusos si los combinamos, pero es valida la propuesta si es que pretendemos aprender de las tragedias. En las siguientes lineas no hago más que presentar una visión complementaria acerca de lo sucedido, un guiño orientador que intenta explicar la templanza y la fortaleza del pueblo japones frente a este tipo de situaciones.
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