La pasta de dientes me dura el doble, y no estás. Esa medida absurda con la que intento calibrar tu ausencia. Mesuro en la realidad alternativa del cuarto de baño los tiempos tontos de nuestra típica convivencia. Y otra marca tuya en el pomo del dentífrico...Esa puta costumbre de apretarlo en el medio sabiendo lo que me hace rezongar. Ahora me doy cuenta que te gustaba verme en esa actitud. Sulfurado y escupiendo el buche matutino, mientras vos sentada sobre la mesada ( y con el culo frio, como te gustaba decir ) te reías, y de a ratos limpiabas el bigotito que te dejaba el café con leche. Chaplinescos en esas mañanas ; rodando una película muda destinada a nunca estrenarse. Sin subtítulos ni aclaraciones. Y tu sonrisa de atorrantita como único efecto especial. Ahora me miro al espejo, y los ojos me quedan grandes.
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Lunes, y debo reconocer que comencé la semana un tanto intolerante. Esas irrupciones o "pequeñas crisis" de mal humor mensuales, una especie de síndrome premenstrual ficticio ( dado que la realidad biológica a la que claramente estoy subordinado hace imposible que sea real ) al que se ven sometidos mis convincentes, victimas de mis insultos, reclamos y chisporroteos inmorales.
En fin, la mera introducción no viene al caso, ya que es otra la excusa de este espacio. Simplemente quería compartir una pequeña historia, que en relato purpura llegó a mis oídos y que en clave de moraleja nos alecciona sobre la invertebrada inconformidad que padecen algunos compañeros de especie:
Cuentan los ancianos que en un pueblo perdido en la estepa rusa habitaba un hombre que se hacia llamar Nasrudín. Este señor, entregado a las artes del trabajo de la tierra y cuidado de su jardín, había logrado, en épocas de hambruna y escasez, cultivar enormes zapallos. Emocionado por su buena fortuna y en un gesto de generosidad, se propuso regalarle parte de su cosecha al Zar. Su vecino, contrariado por la buena fortuna de Nasrudín, vio con malos ojos dicha muestra de generosidad, y enfermo de envidia, emprendió la vil tarea de frustrar las buenas intenciones del campesino. "- El Zar preferirá higos en esta época del año, son su debilidad" ( sabiendo el profundo asco que este fruto generaba en el Zar ), le dijo a Nasrudín en la mañana en la que este cosechaba los zapallos destinados al soberano.
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Yos.
Guardiacarcel de la Luna y plomero del Infierno. Soy justicia a destiempo
y en la noche, mal agüero. Visitante inoportuno, de costumbres acertadas;
hijo prodigo mal habido, del gigante la ultima cana. Moribundo entre los
necios, anodino entre los muertos. Demasiado astuto para ganar la confianza
ajena. Discípulo fiel de lo bajo, maestro orgulloso del barro. No soy huevo
en tu nido, ni corrupto en tu gobierno. En tus calles soy el pobre, en tu año
el Invierno. De tus deudas, ni la firma. De tus lágrimas, el dueño.
[...]
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