En 10 minutos tengo que entregar la PC a mi hermanito. No estaba seguro de escribir algo en particular, pero tampoco queria irme sin desparramar un par de letras, mas alla de que no tengan sentido alguno. El frio se comporta de manera absurda y sin dudas, subestima mis defensas. No entiendo, y tal vez sea exclusivo patrimonio de mi ignorancia, el porque los estados climaticos extremos, operan de manera tan concreta sobre el animo de ciertos individuos. Bueno sí, estoy escribiendo sobre frio, pero no es más que una excusa para entretener los dedos y evitar que se escarchen las neuronas ( que por cierto, he descubierto que suele ser una palabra un tanto fea ). Tengo un par de minutos más, el pequeño todavia no apareció para exigir su derecho informatico. Más tarde tal vez aparezco con una reseña acerca de algo que escuché, no lo sé...Por lo pronto, hasta luego.

P.D.: La barra espaciadora está constipada.

Díscolo


Desobedecer las propias ordenes, es una manifestación coherente de rebeldía ? No lo sé. Ese tipo de inquietudes suele tener lugar cuando el cerebro se transforma en una bola de cartón corrugado. Implica una seria contradicción, sin dudas. Negamos ordenes ajenas, ignoramos ordenes propias. ¿ Bajo que normas vivimos, entonces? ¿Es posible una vida en constante anomia? Desconozco cada una de esas respuestas. Hoy, elijo ser esclavo. Solo por hoy.


"What is taking over me? Jealousy.A bubbling inside of me? It's jealousy.Controlling me, it's coming after me.It's so easy, when you don't belong to me..."

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Monos en Otoño. El patio plagado de jaulas, y entre chillidos confusos toda esa hominidad corrompida. Uno, el más atrevido, asume el techo, y desde la altura intenta dominar la situacion. Su contradictor, el necesario para afirmar su poder, muerde una manzana desde lo bajo. Lo desafia, tal vez sin pretenderlo. Sabe que la desea, y sus encias palidas en un comienzo, se inyectan de sangre. Masturbarse mientras ve una imagen a escala de la evolución del hombre ; costumbre que nunca pudo obviar...

Mucha gente está haciendo ahora el amor. En el cielo, los ángeles,
en el imperturbable éter y el cristal de los deseos humanos
se trenzan mutuamente los cabellos, que son rubios rojizos
y tienen la textura de los frescos ríos. De tanto en tanto miran
hacia abajo el trabajoso éxtasis
–les deben parecer como aves sin plumas chapoteando
en la cama encharcada–
y luego una mujer que está por acabar,
le hace abrir los párpados a un hombre y le dice:
“Mirame”, y él la mira. ¿O es el hombre
quien descorre el telón en el teatro a oscuras?
Se miran entre sí de todos modos;
dos seres con dos ojos evolucionados,
rapaces, sorprendidos, pegados uno al otro por la panza
con una baba lúbrica increíblemente dulce,
y los ángeles se sienten desolados. Les indigna. Tiemblan, patéticos,
como litografías de mendigos victorianos,
con facciones perfectas y la piel de alabastro, vestidos con harapos
en el callejón sórdido de la novela.
A todas las criaturas les ofende esta pena.
Se parece al lamento que la luna deja escapar a veces
cuando sale. A los amantes les resulta especialmente intolerable,
los llena de indecible tristeza, de tal forma
que otra vez cierran los ojos y se vuelven a abrazar,
y cada uno siente la singularidad mortal del cuerpo
que durante una hora han alzado de la muerte con su magia,
y un día, mientras corren al atardecer, ella le dice al hombre:
“Me levanté tan triste esta mañana porque caí en la cuenta
de que vos no podrías, por mucho que te ame, mi querido,
curar mi soledad”, y toca su mejilla para reconfortarlo
y que viera que no quería herirlo diciendo esta verdad.
Y el hombre no se siente precisamente herido,
entiende que la vida tiene límites, que algunos
mueren jóvenes, sus amores fracasan
como sus ambiciones. Va corriendo a su lado,
y piensa en la tristeza que han logrado abortar
con sus lamentos, cobijándose ambos con formas inventadas
y antiguas de la gracia y torpe gratitud, listos para volver
a estar solos o acaso insatisfechos, o a no ser más que buenos compañeros,
como esas parejas en la playa que leen un artículo en alguna revista
sobre la intimidad entre los sexos,
y después se lo leen en voz alta entre sí,
y luego a los inmensos, analfabetos, reconfortantes ángeles.

["El privilegio de ser" de Robert Hass  
by http://zaidenwerg.blogspot.com]